
Somos hijos de las estrellas,
los árboles susurran palabras q jamás hemos oído,
la belleza demarrada en una lagrima,
hoy se parte en plegaria de sus amantes,
la luna es siempre roja a pesar de que el cielo sea gris,
querida mía, amada mía, sedme y estar por siempre en mí,
y lo bello de nuestro pecado concedido en gracia,
somos parte de un inmenso rompecabezas,
de escribir sinfonías y pensamientos tristes,
aun quisiera descubrirte y mirarte,
dama y señora del pecado.
corazones titilan en cada estrella,
oh madre mía, oh dama de las tinieblas,
Sueños florecen bajo la tierra,
Se esconden donde ya nadie pueda oír como claman ser escuchados,
El deshelase de un triste teatro que aun no acaba de terminar,
Oh pero solo tú sabes como te anhelo,
como te siento cuando cae la lluvia y la noche llega escondiendo bajo la tierra mis delirios,
eterno invierno mental abre pensamientos,
eterna frivolidad en sus ojos,
tímida, inocente, sumisa y perdida
como una criatura sin dueño
y la noche vuelve a cantar sobre sus hombros,
¡Tomadme otra ves!, ¡tomadme!, sed de mi lo que nunca fui,
y la noche se a vaciado sin estrellas,
las constelaciones han caído sobre el vestido,
ensuciando los testimonios que caen del reloj,
¡Dadme la gloria!, ¡dadme!, dadme aquello que siempre anhele,
oh madre vuelve el rostro otra ves hacia a mi,
el día quema mi piel y carcome sentimientos,
solo quiero servirte,
ser parte de tu perfecta creación, tu naturaleza inerte,
cobíjame otras ves como hace siglos lo hacías,
dadme la victoria en la gloria muerta,
¡Cobijadme madre mía!, ¡cobijadme!,
cánticos fúnebres, consuelan a la niña muerta,
tu canto, tu palabra madre mía,
labio dulce que a cada beso emanan la sangre y la vida,
placer en la inocencia de la primavera de una noche a ojos cerrados,
de palabras hipócritas que vuelven del fondo de la tierra,
pedazos de la diosa muerta,
inocentes caen bajo el tibio velo de sus manos bañadas en sacrificios de sangre,
ya e dejado todo querida mía,
¡Solo dadme tu gloria!, ¡dejadme beber tu sangre!
¡Dadme esta última noche tu beso inmortal!,
¡Dadme el placer de quedadme por siempre!, oh madre mía, escucha mi suplica he construido el mas grande teatro para alcanzarte, he ensuciado tanto el reflejo que ya no puedo mirarme,
truenan las campanas otra ves,
ya solo somos el espejo del mundo,
estamos condenados y defraudados,
¡Ayudadme madre!,
los ríos se han bañado de mi sangre,
deja respirar por última vez, deja mirar como nunca para el final,
¡Tomad mi sangre madre! ¡Tomadme toda!
Se mi reflejo y mi complemento,
se mi vació perdido en la muerte y mi adorada amante en la eternidad.

Fotos: sparkbearer Escrito por mi

Muy buen texto. Agradezco al ocio y el deseo de desahogo que alimentó tales palabras.
ResponderEliminarSaludos.