
Tendría que taparme la boca mil veces,
si, tendría que dejar de respirar,
dejar de escupir palabras cada mañana,
dejar de vomitar toda mi salud,
dejar de sentirme vacía viéndome lejos de rayos de luna.
Escalofríos ornamentan el post mortem de mis ideas,
me quema el frió al punto de romper mis manos,
me estoy quebrando a pedazos,
diluyendo como toda sustancia dentro de la catarsis del agua.
Duele dejar de ser egoísta,
buenas noches relativas,
lamento no respetarlo y esculpir mi patético discurso en palabras de turno.
Siento desde lo más profundo de mí ser,
respiro en cada uno de sus parpadeos,
vivo en un saludo como los colores taciturnos que se alimentan de una atardecer.
Realmente las mariposas ya no vuelan hasta la luna,
han perdido su magia y sus colores viviendo de noche,
han alcanzado el punto culmine de la entropía universal,
han llegado al descontrol perfecto del que soy parte,
solo han ensuciado todo el mar y todas mis ideas con sus cavadores.
No hay regreso con sueños rotos,
con esperanzas pisadas y masacradas en miles de vidrios quebrados,
realmente ya no importa el contenido,
otro atardecer se ido en el infinito,
otra primavera marchita a la larga taza de suicidios,
miles de siervos lloran desde el ataúd otra vez,
no hay nada por que luchar,
ninguna luz que titile en el fondo estrellado,
ninguna razón para seguir en esta luchar,
todo se vuelve patético…


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Las ideas sangran sobre el papel