Soy la antagonista de mi vida, el ser que vive dentro de una caja de cristal, sostenida por los carrotes de mis propias mentiras, de mi ironía a flor de piel, de mi gigante desinterés interesado en interesarme, me siento de miles de formas, las siento a ellas sobre mi cabeza, punzando cada segundo, marcando y callando al reloj, cada respiración y cada latido, cada parpadeo se vuelven lentos, ellos juegan con mi paciencia, con mi imaginación sádica y masoquista, con mis gustos excéntricos y mi extraño humor negro, todo se vuelve un teatro, una patética acción donde la autocompasión se pierda en la infancia, donde con los años nos vamos enamorando de la sangre y el dolor, del sentimiento amargo que corre por todas nuestras venas ese que nos asfíxica por la noches, nos vamos diluyendo y volviendo grises. Conoce la realidad del mundo y el protagonista huye avergonzado de creer en tantas mentiras, de sentirse ultrajado y engañado por aprendizajes prejuiciosos y tergiversados por el resto ausente, por blasfemias que cuelgan descaradamente de la tv, pero no podemos notarlo, no podemos llegar a darnos cuenta, que esta tumba la hemos cavado hace años. Estoy hundiéndome en mi propio frió mental, en mi soledad sin autoestima, en el sentimiento de quererme aquí, de sentarme en la oscuridad a reír con sarcasmo de mi esperanza, a recitar las marchas fúnebres del futuro, idealizarlo como un crucigrama omitiendo mi acto, describiendo la vida en el mañana como un mapa del yo ausente.
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(Solo para locos)
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viernes, 17 de diciembre de 2010
Yo era la antagonista.
Soy la antagonista de mi vida, el ser que vive dentro de una caja de cristal, sostenida por los carrotes de mis propias mentiras, de mi ironía a flor de piel, de mi gigante desinterés interesado en interesarme, me siento de miles de formas, las siento a ellas sobre mi cabeza, punzando cada segundo, marcando y callando al reloj, cada respiración y cada latido, cada parpadeo se vuelven lentos, ellos juegan con mi paciencia, con mi imaginación sádica y masoquista, con mis gustos excéntricos y mi extraño humor negro, todo se vuelve un teatro, una patética acción donde la autocompasión se pierda en la infancia, donde con los años nos vamos enamorando de la sangre y el dolor, del sentimiento amargo que corre por todas nuestras venas ese que nos asfíxica por la noches, nos vamos diluyendo y volviendo grises. Conoce la realidad del mundo y el protagonista huye avergonzado de creer en tantas mentiras, de sentirse ultrajado y engañado por aprendizajes prejuiciosos y tergiversados por el resto ausente, por blasfemias que cuelgan descaradamente de la tv, pero no podemos notarlo, no podemos llegar a darnos cuenta, que esta tumba la hemos cavado hace años. Estoy hundiéndome en mi propio frió mental, en mi soledad sin autoestima, en el sentimiento de quererme aquí, de sentarme en la oscuridad a reír con sarcasmo de mi esperanza, a recitar las marchas fúnebres del futuro, idealizarlo como un crucigrama omitiendo mi acto, describiendo la vida en el mañana como un mapa del yo ausente.
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