Puedo ver tu interior detrás del viento ávido que rosa tus ojos,Puedo verte en la taciturna expresión de verano añejo,
Puedo alcanzarte rozando tus cabellos en el vuelo de gaviotas,
Puedo, puedo esperar sentada en medio del océano
donde las palabras huyen de mi y los poemas mueren antes de nacer.
La noche ha caído impávida prisionera de la muerte,
Un cuervo negro se posa sobre mi mano derecha y la izquirda se transforma en un arma de la cual la lluvia grita agónicamente bajo mis pies.
El sonido se ha detenido en las notas de su piano,
Desde lejos la niña canta sobre el espejo en las ruinas de la imaginación,
Una cuna se mese dentro de un vientre vulgar y estéril,
La madre solloza grismente con la luna cautiva en su garganta.
Los silencios se han silenciados entre ellos mismos para poder escucharse,
Han alcanzado la creciente anemia dentro de sus ojos,
Han evaporado fríamente la palidez de sus palabras violetas.
Las melodías vagan en la inspiración perdida
En las horas, en los minutos, en las largas conversaciones presididas en el espacio,
En el no tiempo de animales sonrientes de surrealismo de mañanas sin mañana.
El interés desinteresado de miles de pájaros sin voz,
De las ultimas notas del grito desenfrenado del violín,
De mis últimos espacios en sobredosis,
De mi última despedida cuando el viento calla y los silencios me arrullan volviéndome una niña sin nacer.

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Las ideas sangran sobre el papel