
Objetos como queridas entupidas sumisas del mundo natural,
jugar con las muñecas de por vida desgasta,
la inocencia vuela y es arrebatada por la vil cultura que simula ser natural,
la guerra a caminado miles de veces por nuestras uñas,
y miles de heridos caen y se esconden en el vientre,
ni siquiera queda tiempo para quejarse o arrepentirse,
oh nena, afuera existe un mundo lejos de cuatro paredes…
Dios, las muñecas se quiebran y sufren cuando son olvidas, cuando son maltratas,
las muñecas se quiebran y se desgastan a pesar de seguir sonriendo siempre.
Las muñecas deben cargar grandes prejuicios enmudecidas,
deben recordar poseer un centro tibio,
deben pintarse de dulce, gentil y atenta para sobrepasar la satisfacción propia,
deben callar para no herir y llorar en silencio bajo cadenas,
pues es claro que las diferencias se aprovechan de la fragilidad para esclavizar,
no imaginan lo que duelen los rutinarios días que se tejen en las obligaciones de una mujer.
Caminar por la calle con la mirada perfecta,
con la postura exacta y las medidas inmediatas,
con la iniciativa en el suelo y con las ideas sumisas,
oh, lilith pues entonces yo ya no quiero ser una muñeca femenina.
Si debo estar repleta de sentimentalismos baratos,
Si debo consumirme de por vida en cuatro paredes y en obligaciones sociales,
Si debo llevar el pelo algo basta enredarme en el,
Esclavizar con tacones y maquillaje para esconder,
Si mi palabra pierde el peso en caída proporcional a mis oportunidades,
Pues entonces ya yo no quiero ser una muñeca femenina.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Las ideas sangran sobre el papel