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domingo, 31 de octubre de 2010

Una tarde en el cementerio

































Aun no comprendo cuales son las razones por las cuales me siento tan a gusto en el cementerio, tan cómoda, tan parte de él. Es que guardan tanta magia, tanta muerte e historias por millones, caminar escuchando ese silencio irreal y a la vez tangible es maravilloso, aprender de la mierda que somos viendo como el tiempo pasa y nos olvidando unos con otros, convirtiéndonos en la máxima expresión en ruinas de un universo paralelo.

La muerte es hermosa y perfecta, en todos sus sentidos, en todas sus formas, pálida personificación en mármol, amor de sueños en besos de terciopelo que se despiden de la luz para huir en la oscuridad eternamente, nadie puede saber cuan malos somos o fuimos, nadie jamás podría despertar, pero solo son sueños eternos que dejan sabor a ironía. Claramente seria perfecto lograr ser independiente, atrapar una mariposa cortando sus alas para poder ser olvidado y poder olvidar, ser dueño y libre de si mismo, cosa bastante subjetiva, pues al permanecer en sociedad somos todo parte de todos.

Me atrae de sobre manera el abandono en que se encuentran miles de almas, mirar desde mi lugar favorito como las tardes de aletargan tristemente, blasfemar desde mi propio cielo todos los latidos que emana el corazón y toda la vida existente entre seres imaginarios.

Como olvidar el frió, siempre presente con cientos de rayos quemando, es algo que escapa de la ciencia humana lo que allí huye de la verdad, aspirar ese aire contaminado desde otro mundo, sentir como se eriza la piel con el mínimo sonido, en el mas mínimo susurro en nuestros oídos, sentirlos a ellos mirándonos como extraños.

Una tarde en el cementerio me hace pensar, en que corta es la vida, en que sentido tiene todo esto, todos los vacíos que están consumiendo por dentro existencialmente no tienen razón de ser, tal vez la suerte si exista, tal vez el azar juega conmigo como una marioneta pues los ojos de mi vida se han cerrando y hoy todo luce oscuro, en que todos los esfuerzo han perdido el sentido y el norte pues todo acabara, aun así construiré mi castillo en la imaginación, se que volare a un nube y escribiré versos cuando este triste evitando llorar, pues mis huesos aborrecen la carne y la vida y me piden a gritos recostarse bajo tierra, condensando mi alma en una caja de cristal, sin nombres, sin apellidos, sin un pasado, sin un futuro, sin nada que recordar, sin nadie que me recuerde.


















Quiero vivir dentro de un mausoleo...

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