
El ser humano tiene ese afán desmedido de ensuciarlo todo, como su manos crean cicatrices sobre nosotros, como si las cosas jamás pudiesen permanecer puras y intactas, todo tenemos que tocarlo y arruinarlo, estropearlo con todas nuestras palabras hirientes, con nuestra boca perdiendo el control.
Olvidamos cuidarnos y respetarnos y con eso nos olvidamos hasta de nosotros mismos, el hecho de vivir el momento es solo eso, vivirlo, bajo ningún criterio podemos seguir toda la vida en un momento (aunque muchos soñadores quisiéramos) y vivir un momento prolongándolo toda la vida es mentirnos de la peor forma, que es viviendo en el ayer creyéndolo presente, viviendo de acontecimos releídos y de seres ausentes, intangibles e irreales. Comentemos errores dejando de pensar y cuando seguimos insertos en nuestras propias mentiras ni siquiera tenemos la posibilidad de recapacitar aprendiendo de ellas y de esa forma intentar en vano remediar las cosas, nos hemos ensuciamos y hemos déjanos que nos ensucien todo este tiempo.
Luego por ley natural aprender a ver todo negativo es un contrato previamente firmado antes de cada error por nuestro envenado karma, que paga cada ahora y cada segundo la pena de muerte incesta en las letras pequeña en nuestro oráculo de vida.
No somos ángeles de luz y jamás lo seremos porque hemos llegado al mundo como individuos condenados por nuestra esencia de ser humano, por nuestra ególatra capacidad de razonar y de culpar a otros, por nuestras ansias por el dinero y por el futuro inexistente, por ser malos soñadores, falsos y mentirosos, pero es imposible contrarrestar lo que realmente somos o fuimos… Deberíamos dejar de intentarlo y mirar en el fondo de si mismo aceptando el caos que corre genéticamente por nuestras venas como la única solución.
Hace algún tiempo aun soñaba con un ser de luz con la inocencia asomada en las pupilas, con frases cursis de niños, con juegos de muñecas que perduran para siempre y sueños donde la luna es la astro mas hermoso y alcanzable solo en sueños, con ansias de sabiduría cuando todo el mundo era un buen lugar en donde soñar, en donde vivir realmente el hoy para siempre no solo un hoy efímero real y desplacentero, hace algún tiempo yo también era una soñadora de las buenas, de esas que intentaban por todos los medios salir adelante, de esas que escribirán versos cursis para los incondicionales, pero una tarde gris en donde las hojas cantan en otoño salí al mundo y encontré el gran lado oscuro que tiende todo el tiempo en el precipicio, en donde nos dañamos cada segundo unos a otros, donde las despedidas están todo el tiempo en mi cabeza, donde la única gran esperanza de “vida” es ser una buen mentiroso.
Cuando la infancia acaba y aprendemos a ver realmente, dejamos de soñar como reales soñadores, despertamos en la vida desnudos y solos y nos damos cuenta que todo este tiempo hemos dormido dándole la espalda a la realidad de estar abandonados, nos sentimos ingenuos y sucios, violados por todo el mundo y por todas sus mentiras en las que han construido nuestras vida, como si solo fuésemos un aborto de tanta suciedad.

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